lunes, 30 de agosto de 2010

Audiotextos para llevar

Visitantes: 
DesconfianzaCrónica tiene a disposición de todos ustedes una modesta colección de AUDIOTEXTOS, es decir, archivos de audio de escritores leyendo sus propias producciones. 
Para descargar, simplemente busquen el montón de imágenes a la derecha de su pantalla y hagan click en la foto del autor que elijan, y eso los llevara a un sitio de descarga (MediaFire).
Particularmente, me resultan muy interesante escuchar la voz (la voz física, se entiende) de autores a los que generalmente conocemos a través del papel. La invasión que su tono, su cadencia, su manera, hacen en mi cabeza a la hora de enfrentarme con el texto escrito/mudo me resulta un juego sumamente agradable: leer siempre es leerse a uno mismo, como una voz que nos relata al interior del oído aquello que al mismo tiempo vemos. Ahora son ellos los que me susurran, torpemente, cada palabra que nos han escrito.

A continuación, pongo las mismas fotos que aparecen permanentemente a la derecha de la pantalla del blog. Agrego el nombre de cada escritor, para que no haya confusiones, y nada más, para que el que conoce, conozca, y para que el que no conoce, se anime a descubrir.

JULIO CORTÁZAR

EDUARDO GALEANO

OLIVERIO GIRONDO

JAIME SABINES

OCTAVIO PAZ

ÁNGEL GONZÁLEZ

JUAN GELMAN

PABLO NERUDA

LEOPOLDO MARECHAL

ANTOLOGÍA DE POETAS LATINOAMERICANOS MUERTOS EN LA REVOLUCIÓN(LOS LECTORES SON OTROS POETAS LATINOAMERICANOS)
LETRA: J.L. BORGES - MÚSICA: PEDRO AZNAR


EXACTAMENTE LO QUE  DICE

miércoles, 25 de agosto de 2010

musica para el trance VII


(seis) - tumbalata (a mi viejo, Juan José López)





UN TEMA QUE HACE TIEMPO TENGO DANDO VUELTAS...
UNO NUNCA SABE CUANDO VENDRÁ LA MÚSICA
PARA ESCUCHARLO TRANQUILOS, APAGUEN EL REPRODUCTOR DE LA COLUMNA DERECHA
QUE LO DISFRUTEN!!!

miércoles, 18 de agosto de 2010

hay tantos abrazos que me quedaron lejos...



un hombre camina los días
rozando abismos que no conocerá nunca

una mirada limpia se trepa al olvido 
y el vidrio molido no lastima la intemperie de sus sueños

yo sigo esperando
acá adentro los espacios no envejecen
y está tan ahí tu presencia traslúcida
que casi es la misma esta luz de agosto

cada recuerdo es un ladrillo que late
la memoria es un barrio levantado a puro torcer el tiempo

sábado, 24 de julio de 2010

no soy un extraño... ?

(Xul Solar, "Ciudá y abismos", 1946)


llevamos en la respiración un cansancio automático
y con cada golpe de sangre se define minuciosamente
el filo inevitable de todos los zócalos

pero no te regocijes
todavía construimos una ciudad que no nos conoce

domingo, 4 de julio de 2010

crónica desde el insomnio



hoy
madrugada corriente de improductividad en flor
los versos se me pegan se me pasan de punto y de largo
se apelmazan en el fondo de esta 
olla agazapada en el violoncello germinal de la vigilia


un taxi desocupado una radio un bebé 
que no se duerme o una rata entre los libros bastarían 
otras veces para pasar el rato pero hoy 
anda corta de manzanas la culebra de mi pantalla
y el árbol de todos los dones no es más que un poste de luz
en la vereda como un guapo en falsa escuadra


un señor ministro firma con una media sonrisa
la garantía solemne de un velorio a todo trapo para sus nietos 
y el diablo se muere de envidia
(capitales extranjeros le quitaron la delantera)


un sereno toma mates y la radio le dice baila baila 
toda la noche goza goza esta es mi cumbia porque en un 
ratito nada más puede estar pasando por su puerta 
no el cadáver de su enemigo sino otro taxi desocupado
cuando el bebé que no se duerme pida como sabe una 
teta que lo salve y por lo pronto las ratas duerman 
hoy empachadas de Victoria Ocampo o tal vez 
hoy en el taxi viaje un señor ministro que busca donde
comprar a buen precio ratas que le coman las orejas
que le coman los gritos del bebé que pide teta como sabe
hoy y no pedirá pan porque desde ya no le dan y mejor
que no le den mejor dejar que pida hueso y que
la madrugada le corte el pescuezo que la madrugada
de hoy supure engendros de rata y taxi vacío de bebé que llora
y señor ministro y al revés y al revés

que la madrugada sea un espasmo largo de alucinaciones
mientras me pongo los auriculares
a ver si me concentro un poco

viernes, 11 de junio de 2010

después de tanta ausencia...




salgo al otoño 
como galope cansado sobre una veta del cielo


en el espesor de estas horas no habita 
la habitual monocromía de las postales
pero la piel de la tarde tiene fisuras 
y el sol se desangra sobre un silencio fingido
poblándome la retina de pulsiones legítimas
venas hinchadas de espanto y urgencia 
que florecen en un paisaje siempre distante 


sólo pájaros despojados de volumen
en la magra simulación de la mirada 

jueves, 13 de mayo de 2010

La Revolución Cotidiana


(colaboración para los amigos de El Desaguadero)




Me permito empezar estas palabras con un acto simultáneo de soberbia y honestidad: un dato autobiográfico.
En 2008 escribí (convendría decir “se escribió”) un poema-libro llamado loqueporandarentrejuarrozygirondo.
Venía de terminar la otra cara de la almohada y experimenté algo que tal vez muchos hayan sentido: vacío. Ya no tenía nada más para decir. El libro estaba cerrado, y de este lado no quedaban demasiadas palabras (tampoco quedaban residuos, no soy un escritor muy prolífico, y todo lo que había escrito hasta ese momento iba al libro).
Entonces tuve la necesidad de escribir sobre no escribir. Sobre el momento en el que un escritor se define a través de su carencia: He-Man fue siempre mejor sin su espada, un arma todopoderosa esgrimida por un estúpido sólo conduce a estupideces. Y atravesado como estaba por las dos enormes figuras de Juarroz y Girondo, por su poesía, por sus reflexiones sobre la poesía (que en algún punto, son siempre lo mismo), la idea de la imposibilidad de escribir (falaz en sí misma) evolucionó hacia el espacio de la no-escritura, la antiescritura, la poesía tal y como la entiendo por estos días.

¿Cómo puede escribirse sin escribir, o mejor dicho, como se puede aniquilar algo por medio de sí mismo? Ensayo una respuesta, a riesgo de crear una ensalada irreconocible de Barthes, Juarroz, Foucault y Girondo.
Toda escritura, todo lenguaje, se encuentra al servicio de un poder. Todo lenguaje se define más por lo que prohíbe que por lo que permite. El lenguaje, vehículo por antonomasia, emana un halo de restricciones ideológicas que apuntan al sujeto oyente con la atracción de “lo natural”, “lo dado”, “lo que va de suyo”, “el sentido común”.
Para el ser humano, no existe lo exterior al lenguaje, estamos fatalmente atados a su mecanismo. Sin embargo, el lenguaje puede ser vulnerado, puesto en jaque, llevado a su propio margen, desde dentro de sí mismo. El lenguaje puede alcanzar un estado de continua renovación crítica, saltando constantemente ante el menor indicio de petrificación: la escritura (la materialización del lenguaje, entendida como una práctica social sujetante) encuentra su antinomia en la literatura, y más específicamente en la poesía.
La poesía, antes que una escritura, es un HECHO DE LENGUAJE.
La diferencia radica, creo, en que la escritura es un acto de recopilación (con cierto grado de conciencia) de retazos ideológicos siempre ajenos que han sido representados en el lenguaje. Ejemplo evidente: un adolescente habla del firmamento, apenas entendiendo qué es, pero poderosamente sujetado por la idea (ajena) de que las palabras poseen un “índice de poeticidad” que les es natural. Y ni hablar de palabras tan rebalsadas de significaciones superpuestas como “gorila”, “metafísica” o “belleza”.
La poesía en cambio, es un proceso contrario. No es un acto de liberación stricto sensu, en tanto no nos liberamos del lenguaje, pero sí involucra liberarnos de una mirada, de una significación histórica y aparentemente inmutable de las palabras, que se nos viene susurrando desde generaciones.
Me animaría a decir que la poesía no es creación (tenemos negada la condición adánica), sino resurrección, invención por medio del despojo, un hermoso estado de pánico ante el pesado compromiso de nombrarlo todo nuevamente, pero sin disponer de una manera o materia distinta. Atrapado entre el sacro imperio del significado y la novedosa dictadura del significante, el escritor propone el carnaval, la subversión de todo lo establecido: el poema es un universo en el que cada elemento se define por sí mismo en virtud de ese instante en el que existe.
Confieso que después de la palabra “universo” venía un adjetivo, aunque finalmente no pude decidirme por ninguno.
¿Universo cerrado? La poesía es permeable por propia elección: se deja andar, no se molesta con interpretaciones despegadas de la germinal, porque la libertad es-en-ella, y la subversión abarca la interpretación (concuerdo con Eco que la interpretación es una parte del proceso generativo de la poesía, en tanto enunciado). El carnaval de los lenguajes rompe con el camino unívoco que el lector debe desandar hacia el sentido único, como una especie de Hansel/Gretel siguiendo las migas del banquete del autor omnipotente.
¿Universo estable? Sin duda que no: la inestabilidad de la poesía da cuenta de su carácter continuamente experimental, marginal, outsider. Lo poético pende de un hilo extraño y polimorfo, inasible e indestructible, esquivo pero no utópico. En constante mutación, abdicando de sí misma ahí donde algún poder la ha enrolado a su discurso, la poesía “desequilibra”, en el sentido más futbolero de la palabra, aun cuando mi nulo interés por los deportes no me permita comprenderlo del todo.
¿Universo sólido? La solidez es algo que reclamo más que la belleza: un poema no merece la salvación por uno sólo de sus versos. Un libro de poesía no debería ser un conjunto caprichoso de poemas. Creo en que el poema es un cuerpo vivo, un organismo que no puede subsistir si no es entero, en su plenitud. Y esto no pasa por la belleza, sino por la solidez: un poema que pierde su peor verso y pierde su sentido, es un poema bien logrado (un poema como una casa de naipes, diría un poeta amigo). Es más, creo que no hay versos buenos y malos en un poema, sino momentos de mayor o menor crisis y goce, pero ese vaivén no es otra cosa que obviedad. Y si muchos autoproclamados escritores pudieran entender que no toda frase debe ser escrita para ir al bronce o a la portada del diario, la poesía gozaría de una existencia un poco más saludable.

Y en este momento empieza a tallar el concepto de escritura programática.

Estoy casi seguro de que todos los escritores escriben por alguna necesidad: necesidad de expresar sus sentimientos, o de resultar intelectualmente interesantes, de salvarse de la locura, o simplemente necesidad de arrogarse una chapa que les provoca un placer escondido, morboso y húmedo. Y en la medida en la que esa necesidad es atendida, evoluciona y se manifiesta, nos vamos incorporando a ciertos “tipos” de escritor: el escritor compulsivo, libreta en mano/mundo adelante, el que cuenta sus poemas y se alegra estrictamente de que el número crezca, el que publica compulsivamente, el tímido que no lee, el snob que confunde incomunicación con hermetismo, el ingenioso, el imitador, el tipo laburante, el que ama su oficio de palabrero.
Obviamente, las pretensiones y las ideologías que sustentan a cada uno de estos dizques arquetipos se encuentran a universos de distancia. Sin embargo, creo que el concepto del “programa de escritura” nos une a todos, aunque a simple vista parezca una hermosa estupidez.
Un programa (en el sentido de lo estipulado, lo por venir) es algo así como aquello que regula, encauza, el desarrollo poético durante cierto tiempo. Resulta, sin dudas, un concepto demasiado ambiguo, que tal vez puede definirse mejor por ahora por lo que NO es: no es una pulsión (ya sea escribir como forma de lucha social, o por el mero objetivo de acumular textos); no es una intención (conmover, deleitar, shockear, “elevar el espíritu”); puede no ser una decisión en tanto alguien puede desarrollar un programa sin proponérselo, tal como me pasó a mí con lo que posteriormente se convirtió en mi primer libro. La sensación de vacío que comentaba anteriormente no era respecto de la escritura en general, sino del programa de escritura específico del libro: yo no tenía nada más para decir, respecto de ese tema y en los términos estéticos en los que lo había hecho.
Un programa de escritura vendría a ser entonces una serie más o menos consciente de premisas que permite encauzar el quehacer poético hacia un producto sólido, estable. Premisas que pueden abarcar lo temático, lo estético, lo lingüístico, lo gráfico, etc.
Ya van a saltar los fundamentalistas a decirme que muchos poetas escriben siempre sobre los mismos temas y más o menos con el mismo estilo (Juarroz como uno de los principales exponentes). Estamos de acuerdo, pero no del todo.
Tal vez me encuentre demasiado imbuido de una cierta mirada sobre la literatura sanjuanina, pero debo plantear aquí un doble riesgo que corre la poesía por estos días. Por un lado, existe una peligrosa cantidad de “escritores” y “poetas” que dedican su tiempo exclusivamente a la producción de obra, abandonando la reflexión estética, el debate, la lectura (teórica y literaria), el análisis, la crítica; escudados en que “escriben lo que sienten” (los más pacatos) o en que “el arte no se explica” (los snob-herméticos), o simplemente acostumbrados al ritmo impuesto por ciertos encuentros de escritores, donde hay 5 minutos por autor, 40 autores, felicitaciones automáticas, aplauso de foca y, con suerte, alguna charla interesante de trasnoche.
Por otro lado, existen criticólogos crónicos que se dedican a ejercer el tirabombismo impune (y muchas veces cobardemente anónimo). Estos especímenes también abundan: practican la bohemia desde la comodidad de su ropa, libros y tranquilidad compradas por papá y mamá; vapulean los espacios académicos a los que no son capaces de sobrevivir, o a los que no son capaces de interpelar de manera legítima por pura cobardía; todo lo que no se amolde a su nihilismo adolescente es tratado de “establishment”, mientras que su producción se reduce a unos cuantos versos incomprensibles salvo para dos o tres allegados, entre los cuales no falta el que halaga sin comprender, por no correr el riesgo de resultar descastado.

Entre estos dos polos, el oficio de la poesía se ve seriamente vulnerado, y pierde dos de sus factores troncales: auto-reflexión y comunicabilidad.

Y tal vez la escritura programática, tal como la entiendo (apenas) sea un punto de fuga posible para esta dicotomía: experimentar libremente, pero sobre la base del conocimiento y la claridad conceptual; componer un libro de poesía y no producir un amontonamiento de poemas; mantener vivo el debate, pero sustentarlo con una obra coherente con nuestros postulados; producir constantemente, pero prestando atención a cada paso dado; entender la estética y el estilo como procesos mutantes, poblados de capítulos que se cierran sobre sí mismos para dar lugar a otros más o menos distintos; pensar el oficio de la poesía no como una escritura “por deporte”, sino como el desarrollo de un cuerpo orgánico; ¡leernos! ¡Entablar el diálogo! Animarnos a ser una comunidad que se hace cargo de su tiempo y de su lugar en la historia de la poesía. Ser capaces de pararnos en la fisura, animarnos a no negar nuestro perfil delirante ni nuestro perfil seriote, ser burgueses bohemios, docentes anarquistas, poetas que desean tener un plasma de 50 pulgadas para ver el mundial.

Por eso la poesía es para mí una revolución cotidiana. Porque implica pararse frente a la vida de una manera específica, militando por el valor del lenguaje, por una mirada que permita observar el revés de las cosas, donde reside su cara más perversa. Creyendo en la omnipresencia de la poesía, buscándola en todas las voces, devolviéndole a la gente el derecho a ejercerla y a consumirla, pero planteando siempre las responsabilidades que es necesario asumir.

En la actualidad, corremos el peligro de convertir la poesía en un ejercicio de escribir para escritores. No existe UNA manera de ensayar una salida, pero es necesario que todos los que decidimos esgrimir la palabra como medio de conocimiento, de comunicación y de transformación del mundo, reflexionemos sobre cómo convertir poesía en acción, acción en vida misma.

viernes, 26 de marzo de 2010

de primera destilación




A veces, uno quisiera construirse una ciudad donde todas las caras fueran conocidas. O un barrio al menos, un barrio de casas de la infancia donde en cada puerta atienda un amigo, un pariente que se fue, una persona que no está.
A veces, cuesta mucho mirar hacia adelante y sentir el peso de saber que uno es un extraño para tanta gente, que nadie va a tocarte el hombro, o chiflarte, o llamarte por un nombre secreto que te trae a la boca años perdidos.
A veces, la globalización no alcanza, al menos por ahora, que las computadoras no me traen el olor del guardapolvo de mi señorita, o las manos lastimadas de mi nono, o los besos que nunca pude darle a tantas mujeres que conocí y que quise más o menos en secreto.


Todos están ahí, en el cielo, el infierno o algún territorio lejano. Poco importa. Porque están inevitablemente lejos, mucho más lejos que la muerte o un viaje en avión. 
Están lejos de una manera terrible y hermosa a la vez. Están la raíz de la memoria. 
Y a veces me gustaría tenerlos a mano, che. Pero no se puede. 
Y me acuerdo de mil caras, de toda una vida transcurrida agarrados como se agarran las cosas cuando somos chicos, como sintiendo que lo que no se ve se muere. Y me acuerdo de toda una vida separados, alejados en tiempo y espacio, porque tal vez la vida es solamente eso, alejarse.


Todos los lugares tienen algo de extraños, y uno siempre anda perdiéndose aunque sea por poco tiempo. 


Yo me miro las manos, y me refugio en la idea insuficiente de que estamos bien, de que fuimos, de que somos, de que recordamos. De que el tiempo pasa pero, a lo mejor, salgo hoy a trabajar, y cruzo la calle, agarro por la vereda de siempre, y te veo ahí, fumando, o escuchando música, o esperando el colectivo, sonriendo.

miércoles, 17 de marzo de 2010

musica para el trance VI





(seis) - la máquina de escribir


ESTE TEMA ES UNA "INTERVENCIÓN" 
A UN PRELUDIO PARA PIANO 
DE CLAUDE DEBUSSY: "VOILES"
REALIZADO ESPECIALMENTE 
PARA LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO
"LA OTRA CARA DE LA ALMOHADA"


domingo, 14 de febrero de 2010

canciones para leer V

ROMINA (Alejandro Filio)



Romina viaja tierna y nueva
de campo a estrella
y va subiendo por las teclas
del piano, escalera.
Romina se ha escapado lejos
tras de un conejo blanco
y aunque sabe que la esperan
se va jugando.
Romina lleva caramelos
que arroja del cielo
y cuando llega el aguacero
son dulces los sueños.
Para Romina entre los astros
es un jardín el espacio
y mientras viva la alegría
su día es largo.


Romina si tuvieras tiempo
piensa en mí.
Romina desde que estás lejos
no es sencillo ningún juego
de los que aprendí
para vivir.


Romina canta cuando baja
del monte a algún río
y cuando llega la mañana
los ojos le miro.
Para Romina una guitarra
resonará por siempre
que mientras viva la esperanza
Romina vuelve.


Romina duerme cuando noche
mecida en la luna
y desde allá nos reconoce
nos mira sin duda.
Si cuando el sol que da un domingo
promete un bello día
será seguro que contigo
Romina ría.

viernes, 5 de febrero de 2010

pequeña ética


escribir un libro
hacer silencio en tiempos del viento
juntar plumas de la plaza
conversar con un linyera
plantar un árbol
gambetear el letargo
animarse a ser el primero
empezar a ser un buen recuerdo
tener un hijo
confiar en el azar
perder toda la fe
llenarse de dudas que no se consultan con el médico
defender el derecho a la angustia
donar un órgano
convidar un cigarrillo
pasar el trago
ceder el asiento
agremiarse a la sonrisa

(de la otra cara de la almohada)

lunes, 25 de enero de 2010

canciones para leer IV


ESPÍRITU EN ESTA SELVA (Bersuit Vergarabat)



Que los deseos salgan, 
estado de sitio del cuerpo y el alma,
y los que callan griten 
con voces que asustan con brotes de rabia,
que los que temen bailen, 
con risas de niño, con vodka y tambor,
esquivando amenazas 
tremendos ladridos de los perros de Dios.
Que los pesados vuelen 
con alas de cóndor, con sueños sin ley,
y los castrados penetren, 
que lleguen acaben y no se lamenten, 
explorando esta nada, 
dolor en memoria trae rebelión
Que los vencidos resistan,
no hay droga mejor para despertar.


Tengo un pedo salvador, 
Nacido en Latinoamérica,
don leopardo corazón, 
Espíritu en esta selva.


Que los poetas maten 
por única vez, disparen las letras,
que no sean las víctimas 
que velan a un niño que no murió,
que los poetas mientan, 
total para que sirve esta verdad,
se ve rara esta selva, 
cuando el espíritu empieza a gobernarte.


Tengo un pedo salvador, 
Nacido en Latinoamérica,
don leopardo corazón, 
Espíritu en esta selva.


No te comas la voz!!!

martes, 19 de enero de 2010

música para el trance V


(cinco) - un chabón que soñaba con vidrio molido
(a gabriel jiménez)




un tema dedicado a un amigazo y gran escritor
¡que le aproveche, hermano!

LOS TEXTOS QUE SE ESCUCHAN SON FRAGMENTOS DE:

1. "Cansancio" (O. Girondo - En la Masmédula)
2. "Álbum con fotos" (J. Cortázar - Cortázar por él mismo)
3. "Para que yo me llame Ángel Gonzalez" (Á. González - Palabra sobre Palabra)

viernes, 15 de enero de 2010

de primera destilación






es tan larga esta madrugada
y hay tanto por hacer
y son tan pocas las manos que se encuentran para empujar las paredes/ 
ya que las puertas nunca se abren//
a dónde irán a parar tantas euforias sin eco
a dónde tantos gritos vacíos/ tantas ideas casi muertas
de dónde vendrá la bala que me mate por fin
o de dónde la desazón eterna
de vivir en un mundo de nublado perpetuo
en el que nunca empezamos a llover

martes, 12 de enero de 2010

música para el trance IV


(cuatro) - mientras el sol cae




OTRA IDEA VIEJITA TRAÍDA AL TRANCE
LA FOTO, SI NO ME EQUIVOCO, ES DEL CENTRO DE ROSARIO

martes, 15 de diciembre de 2009

musica para el trance III



(tres) - primeras horas



UNA IDEA DE HACE AÑOS
ADAPTADA A ESTO QUE ESTOY HACIENDO AHORA 

miércoles, 25 de noviembre de 2009

versos para una sirena solitaria en la caleta






III

Y la fiera que en mí cohabita
se agazapó entre las ingles
en paciente espera:
instintiva,
al primer indicio positivo
ocupó tu cuerpo.
Ahora recorre tus rincones más íntimos,
hasta que otro demonio
más poderoso,
la desaloje.

V

Las preguntas eternas
impiden voltear la hija,
las respuestas se anudan en la mente
quedando enceguecido,
ignorante de razones,
y así,
alimentado de oráculos
y premoniciones,
se van a pagando ansias,
frenando vehemencias
como en atardecer prematuro;
la edad se monta a la espalda
centauro empecinado en atravesar
el calendario a galope tendido.

II

Tus ardientes susurros
armonizan con mi carne
otorgándome paternidad
sobre tu esencia.
Genio de la lámpara de Aladino,
mi ser emergió
al roce seductor de tus manos
dispuesto al desvarío;
escapé de la cárcel de mi cuerpo
todas las veces
que tus señales me buscaron,
dispuesto a pagar
el precio del otoño
sin pensarlo dos veces.

X

Llueve en Magallanes con porfía pertinaz,
busco aleros protectores
para mi alma;
al cuerpo mis pecados lo han vuelto cárcel,
casi un lastre, diría.
Mi espíritu me salva,
recorre las galaxias
en busca de tus huellas,
del eco de tu voz en el éter,
de los espacios que deja tu cuerpo
en la inmensidad marina,
recoge la sonoridad de tu risa
y los dolores de tu insistente
orfandad voluntaria.
¡Que no se moje este espíritu mío
y así pueda cumplir
estas misiones vitales!

V

Iré al estrecho como rito cotidiano
a descifrar las aguas
y su mensaje,
les describiré tus señas espirituales
y ellas me referirán
de tus gozos
desnuda entre ellas;
me sumergiré
también
para entrar en comunión
y volver a rodearte toda,
con la pasión de siempre.

XII

Me volveré invisible
para pasar inadvertido a tu lado,
no dejaré huellas en la arena
de tus dominios
cuando desnuda camines
a envolverte de océano
cada mañana,
soplaré con la brisa
sobre tu piel
al regreso;
escucharé tu temperamento de artista,
las empatías para con tus alumnos,
observaré desde un rincón del escenario
tus desvaríos del fin de semana,
estaré en tu almohada
velando tus sueños
sin pretensiones.






DINKO PAVLOV